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“El sabio puede cambiar de opinión, el necio nunca”, y yo no soy necia, ni tampoco sabia, pero lo que si tengo es la capacidad de reconocer cuando me equivoco. Y eso me pasó el sábado pasado. Me comí algunas de mis palabras (sólo algunas) – escritas en el blog de Luismi (para el Huffpost) – hace algunos meses,

“Luis Miguel sigue siendo un pesado, siempre lo fue. Sólo que a todos nos toca de pronto que nos bañe la humildad; y a él le llegó la hora, la suerte es que tiene gente inteligente cuidándole las espaldas, y que le están ayudando a contar una historia maravillosa que limpiara para siempre su nombre.” 

“Limpiar su nombre”

Aja.

Luis Miguel no necesitaba eso.

Lo único que le hacía falta era regresar al escenario para refrescar nuestra memoria.

Con serie o sin serie de Netflix,

Luismi regresó.

Y regresó completo.

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Con esto no quiero desacreditar la primera temporada de la historia de Luis Miguel, que nos cautivó a todos, pues lo que sí logró esta docu-novela – de modo inexplicable – es que así con su actitud distante, apenas dirigiendo un par de palabras al público en sus conciertos; la gente ya ve en Luis Miguel, alguien más real que aquel ídolo con los super yates, el super pelo y las super novias; ahora todos vemos también al niño que fue golpeado por la vida, por Luisito Rey y por una carrera que comenzó demasiado temprano, misma que lo dejo profundamente agotado antes de cumplir los 50.

Así que ahora además de amarlo sólo por ser Luis Miguel,

Sentimos empatía.

Y sí es un pesado,

Pero también si no lo fuera,

dejaría de ser él.

Sus gestos son únicos y con esa sonrisa, sigue conquistando al público completo.

Luis Miguel es todavía el sol.

Y uno no puede no preguntarse,

¿cómo es posible que con esas cirugías, ese bronceado extremo y ese injerto de pelo ultra-delgado, se vea aun tan bello?, ¿Cómo es que veamos en él, al mismo cuate de 25 años que nos hacía desfallecer?

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Es de verdad una incógnita para mí que fui escéptica ante toda esta ola de Luismimanía

La semana pasada llegué por una mera casualidad al concierto de Luis Miguel. Teníamos planeado ese fin de semana en el Valle de Guadalupe para festejar un cumpleaños, lo que no sabíamos, era que tal festejo llevaba incluido dicho concierto, en el Foro de la Vinícola de Santo Tomás.

(De hecho no sabía ni siquiera que hubiera ya “foros” en el Valle, hace 5 años no había ni farmacia, pero eso es otro tema).

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Ya estando allá nos enteramos que Luis Miguel había cancelado el concierto de Hermosillo, y todos en la sobremesa del sábado especulamos al respecto como si fuera nuestro compadre,

“Nombre este cuate ya cayó de nuevo, seguro se puso hasta el moco y no llegó al concierto, uta ahí va de nuevo la burra con este cabrón y sus desplantes…”

Digamos que la expectativa era negativa.

Pero no, Luis Miguel nos sorprendió con un concierto espectacular que duró más de dos horas.

Cuando llegamos al foro de Santo Tomás, habían ríos de gente tratando de subir a la Vinícola en camionetitas,  estaba lleno de locales de Tijuana y Ensenada y todos vestidos a la máxima. Elegantísimos.

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Una vez adentro, no se servía más que vino y eso era lo que todos tomaban, sin repelar.

Cuando el Sol salió y arrancó cantando “si te vas”, su voz nos silencio a todos. Después siguió con “No sé tú” (una de mis favoritas) y desde ahí, yo me entregué completa.

Cuando cantó “Fría como el viento” y otros fragmentos de sus éxitos más conocidos, a modo de popurrí, el público comenzó a enloquecer de pasión. Todos cantaron con él, “Entrégate”, “Hasta que me olvides”, “La incondicional” y cuando llegó “Culpable o no”, Luis Miguel nos dirigió un par de palabras,

 “¿Se la saben?”

Todos gritaron.

Gritamos.

Qué barbaridad, que fácil soy.
La primera parte del concierto concluyó después de una hora y regresó sin saco y sin corbata. Ya únicamente con chaleco negro y camisa blanca, y fue cuando arrancó la música de piano para acompañar varios de sus “Romances”. Para la tercera etapa, llego el mariachi… yo la verdad odio cuando llegan los mariachis, pero reconozco que sus canciones como “La bikina” y “Sabes una cosa”, no estuvieron nada mal.

Después de eso ya habían pasado casi dos horas y pensamos que el concierto estaba por terminarse, pero Luismi regresó lleno de energía, un poco más bailador y vestido más casual, con una t-shirt negra debajo del chaleco. Aquí comenzó una última ronda de canciones que duró 20 minutos y que terminó por cautivar al público, mismo que jamás se volvió a sentar y cantó junto con él a grito pelado,

“Suave”, “Decídete”, “Ahora te puedes marchar”, “Isabel” y “La chica del bikini azul”.

Buenísimo final.

Luis Miguel agradeció a Ensenada y a Tijuana, así como a los músicos que lo acompañaron durante las dos horas con 10 minutos en su maravilloso espectáculo.

Y a mí me dejo callada.

A todos los de mi mesa, de hecho.

Porque la respuesta a la pregunta de porque seguimos viendo en este hombre al mismo de ayer, es porque sigue siendo el mismo.

El mismo Luis Miguel de nuestra juventud.

El de la voz que te mueres, acompañada de la sonrisa que te mueres.

Por eso.

No hay nadie como Luismi,

Que nos sigan contando su historia,

Y sobre todo, que no deje de cantar jamás.

Además es esposo de Luisa.

Me acabo de enterar…

Por Sofía Aguilar