La reservación es para las 7:45 y no hay manera de que lleguemos tarde, si hay algo que he aprendido en los últimos meses es que el tráfico en la Ciudad de Mexico está peor que nunca y si a eso le agregas una tarde de lluvia torrencial, alguna marcha con maestros cerrando calles o el metrobus descompuesto, se vuelve cuasi-imposible el llegar a tiempo a cualquier lugar. Por tal motivo, salimos antes de lo previsto y para mi sorpresa llegamos nada  más ni menos que una hora antes de la hora debida, a lo cual no se hicieron esperar los regaños de mi esposa por mí acostumbrada exageración de llegar a tiempo a los compromisos. El lugar abre puertas hasta las 7, pero nuestra host muy amablemente nos sugirió ir al Rokai que se encuentra a tan solo media cuadra, para hacer algo de tiempo de la mano de un sake y un extraordinario coctel con whiskey japonés. Después de un fuerte chubasco y por cierto ya muy tranquilo de haber estado ya en esa zona y no tener que preocuparme por el tráfico, fueron por nosotros y nos escoltaron hacia el lugar de nuestra cena.

En un segundo piso de la Colonia Cuauhtémoc, en el número 132 de Río Panuco, se encuentra el restaurante Emilia. En cuanto pones un pie dentro del lugar te das cuenta de que ahí cuidan hasta el más mínimo  detalle en todos los aspectos. Lo primero que atrapa la mirada es una cocina abierta (como dicen en el gabacho “state of the art”) rodeada de una barra de mármol con lugar para 18 comensales aproximadamente. Del lado derecho una barra de cocteles muy nice, y al fondo del lugar algunas otras mesas donde se puede tener servicio a la Carte.

Emilia es el primer restaurante del exitoso grupo restaurantero Edo Kobayashi (Rokai, Sushi Iwashi, Sushi Kyo entre otros) que no tiene una propuesta 100% japonesa. El chef Lucho Martinez es el creador de este gran concepto que fusiona las cocinas mexicana y japonesa usando muchas veces técnicas francesas. Emilia es un restaurante de producto, lo que significa que el menú se basa en ingredientes frescos del día con la mejor calidad. Aquí entra en juego la temporalidad de los ingredientes y esto representa una parte sumamente importante para la experiencia de los comensales. Emilia me recuerda mucho al concepto del restaurante Atera en Nueva York que por cierto cuenta con dos estrellas Michelin. Obviamente es otro tipo de comida, sin embargo los dos lugares cuentan con alta cocina, máxima calidad, excelente servicio y los dos tienen una barra que rodea la cocina y sobretodo cuentan con un concepto mucho más relajado sin perder con la esencia y el objetivo del lugar; el Atera con música ochentera y Emilia con música Indie y Rock que dan un contraste sumamente interesante y crean un ambiente mucho más cool.

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Lucho Martinez es originario de Veracruz. Vivió por varios años en los Estados Unidos y después de un tiempo regreso a Cancún a trabajar desde muy chavo. Ya con mucha más experiencia se mudó a la Ciudad de Mexico y trabajó en lugares de altísimo nivel como Quintonil, Mia Domenicca y Máximo Bistrot. Su propuesta es innovadora y arriesgada, dándole mucha importancia tanto al producto como a la técnica, creando un estilo muy propio y un menú muy original que cambia día a día.

El lugar recomendado deberá de ser la barra, aquí se podrá tener una experiencia más personal entre los comensales y los cocineros, generando un evento único en todos los sentidos. El menú de degustación es extraordinario, diferente y atrevido. Los platos son limpios y estructurados, pero sin caer en el exceso. A lo largo de la cena se desarrolla un dialogo sumamente interesante con la cocina y se vuelve aún más placentera ésta.

Emilia, que por cierto lleva el nombre de la hija del chef Lucho, es un lugar bastante original, underground en cierto sentido y de muy buen gusto. Te transporta a otro lugar una vez dentro y lo mismo pasa con la comida, te hace recordar sabores muy personales que tenemos guardados en algún lugar de nuestro cerebro, muchas veces de nuestra infancia, otras más de nuestro ser reciente; el poder lograr esto como chef es algo realmente increíble.

Nuestro menú de degustación comenzó con un Dashi de pescado ahumado, una tartaleta muy bonita de shitake, betabel y shiso y una espectacular croqueta de escamoles con hoja santa y chile serrano.    De ahí nos movimos a un crudo de kampachi seguido de elotes tatemados con kimichi, chicatanas e ikura. Uno de mis platillos favoritos de la noche fue la Gyoza de cordero y salsa verde, simplemente espectacular. También probamos uni con alcachofa y chile poblano el cual confirmó la gran técnica del chef y ya para finalizar con broche de oro nos ofrecieron wagyu con bok choy.

 

Sin lugar a duda fue toda una gran experiencia. Y ya para acabar si aún tienen pilas para un drink más con buena música, el lugar correcto está a solo una puerta de distancia: Tokyo Music Bar. Literal en el mismo segundo piso separado por un pasillo del Emilia, está este HI-fi analog audio cocktail bar. ¿Qué es lo que quiere decir todo esto? Muy simple, es un bar de muy buen gusto diseñado para grupos pequeños que quieran escuchar  música de muy buena calidad de vinilos traídos directamente de Tokyo acompañados de cocteles puristas servidos en vasos de cristal cortado. ¿Qué más puedes pedir?

 

@huey_tlacuali

hueytlacuali@hotmail.com

#reginatelocuentamejor