Hoy les quiero compartir un lugar muy especial para mi. Es uno de mis lugares favoritos. Debo confesar que la primera vez que fui no tenía ni idea de a donde me dirigía. La única advertencia que me hizo mi querida amiga (la cuál es experta en encontrar lugares nuevos) es que fuera en Flats o Tenis; y muchas horas después, se lo agradecí secretamente…. ¡qué razón tenía!

Cuando llegué a la dirección que me dieron, creí que me había equivocado, pues no había ninguna señalización con el nombre del lugar ni nada que me indicara que ahí se encontraba uno de los bares más cool de la ciudad. Y así fue.

Al bajarnos del coche sólo vimos una pared gris oscura con una puerta corrediza de madera pesada. En la pared un cuadro luminoso con la imagen de una botella y una libélula. Una persona de seguridad se aproximó a nosotros y no titubeó en preguntarnos si teníamos reservación. Le dí mi nombre, revisó su lista y nos dijo: “Bienvenidos”, deslizando la puerta para permitirnos la entrada.

Una vez adentro me sentí instantáneamente transportada a cualquier Speakeasy de   Nueva York, uno de esos lugares comúnmente pequeños, difíciles de identificar y con una audiencia bastante íntima. Estábamos en un pequeño espacio con una barra de mármol en forma de “L” que podría recibir a un máximo de 20 invitados de pie. Así es, escucharon bien, DE PIE. Ningún banco o asiento a la vista.

Le Tachinomi Desu, viene del japonés “tachi” – que significa de pie y “Nomi”- beber. Entonces lo entendí todo. Lo podría describir como un minimalista y chic standing bar con auténtico ambiente japonés, ubicado en una zona de la CDMX que se conoce como “Little Tokyo”. Un gran lugar que pertenece al grupo Kobayashi.

Detrás de la barra un sommelier especializado en una sofisticada selección de Sake, Whiskey japonés, cervezas artesanales y vinos naturales, y dos chefs encargados de hacer el Omakase de 3 tiempos de la noche: pequeñas degustaciones de platillos gourmet de alta calidad con toques japoneses. Exquisitos.

La iluminación era bajita y la música perfecta para ponernos en ambiente.

Escogimos un buen sake para empezar a entrar en calor y comenzó la Magia! Iban llegando los platillos del Omakase, uno mejor que otro, y los vasitos de sake se rellenaban sin mucha pausa.

Pasaron las horas sin darnos cuenta;  Fue una noche sensacional entre risas, bailes y  buenos anécdotas. De pronto ya eran las 2 am, Momento de cerrar, aunque para ser sincera me hubiera podido quedar un par de horas más ahí sin problema!! Estábamos súper a gusto.  Así terminó nuestra noche “japonesa” con mucha alegría y con ganas de regresar.

Un must para venir con amigos o para festejar a alguien.

No olviden hacer sus reservaciones a tiempo; espero disfruten tanto como yo una joya más de nuestra Ciudad y recuerden… ¡siempre hay una primera vez!

The Chic Wanderer.

#reginatelocuentamejor