Por Tatiana Solana

Aprovecho la coyuntura mundial con respecto al medio ambiente para volver a abrir un tema que me preocupa hace mucho tiempo. Cuando me siento a pensar en el nivel de contaminación que tiene nuestro planeta me dan ganas de llorar y sin embargo me parece que más que llorar es importante poner manos a la obra.

Desde hace aproximadamente cinco años comencé una ardua labor de cuidado de la Madre Tierra mediante muchas de mis acciones personales, entre otras, cambiando ciertos hábitos de consumo. Presento algunas recomendaciones que he ido integrando a mi vida:

  • Dejé de utilizar suavizante de ropa: por un lado, se queda adherido a los tejidos de la tela; y por el otro, no se disuelve en el agua.
  • Utilizo jabones biodegradables. 
  • No uso bolsas de plástico en un 90% de los casos.
  • Dejé de teñirme el pelo cuando me enteré que los peróxidos de los tintes son uno de los más importantes contaminantes de las aguas en el mundo.
  • Separo los desechos orgánicos de casa, ya que muchos de ellos pueden ser utilizados para composta. 
  • Existen muchos residuos que si se lavan y separan de manera correcta se pueden reciclar y por ende no terminan en el bote de la basura. En este sentido, implementé hace cinco años un programa de reciclaje en mi tienda, Kaypacha Productos, recibiendo los residuos limpios los sábados y domingos. 
  • Por último, hay algunos residuos que sí se convierten en basura, pero que si hacemos los dos pasos anteriores con conciencia, se pueden reducir de manera considerable.
  • Sugiero implementar las compras de productos a granel y que busquemos opciones  que no requieran empaques contaminantes.
  • Actualmente en el mercado hay varias marcas de champú y acondicionador en barra, así como jabones sin empaques plastificados, etc.

 

En este momento, nos estamos quedando sin tiempo para reducir drásticamente los contaminantes del ambiente. Reinventar nuestros hábitos de consumo y nuestra relación con el planeta que nos hospeda resulta urgente.

Me parece que es labor de todos pensar la forma en que podemos poner un granito de arena para que nuestro planeta respire y reciba el cuidado y amor que merece. Es momento de pensar como ciudadano del mundo, esa es nuestra verdadera nacionalidad.