JOHN JOHN by Eugenia Garavani

 El icónico príncipe de Camelot, el sex symbol más aclamado por la sociedad de los noventa, el que para muchas representa el prototipo del hombre perfecto.

John es una de esas personas que son famosas por ser famosas, desde el día en que nació no pudo escapar de su destino. Su vida siempre fue objeto de persecución paparazzi pero sobre todo de fascinación; deseando tener una vida normal, intentando ser un ciudadano común y corriente en las calles de Nueva York, hecho que lo hizo todavía más atractivo para la prensa, las mujeres y hasta para mí que era solo una adolescente cuando el 16 de julio de 1999 su avión se desplomo, acabando con la vida de mi príncipe azul.

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Hijo del ex presidente de Estados Unidos John F. Kennedy y Jacqueline Kennedy Onassis, una de las parejas más icónicas, que además de ser atractivos formaron un matrimonio polémico, ese triángulo amoroso con Marilyn Monroe, las historias que se contaban sobre el desfile de amantes del presidente. Y después la fabulosa vida que continuo Jackie tras la muerte de su marido, convertirse en Jackie O y ser una leyenda. John que nació unos días después de que su padre fuera electo presidente, parecía que estaba destinado a vivir una vida única e irrepetible, y así lo fue. Fue el galán de la última década del siglo XX, y eso nadie me lo puede discutir.

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Tuvo suerte con las mujeres y se casó con la que menos pudimos imaginarnos, nadie se explicaba que veía John en Carolyn Bessette, tenía estilo pero no la clase Jackie, se veía inteligente pero no tenía carisma, había rumores que apuntaban a que la relación era una auténtica pesadilla y miles de mujeres –me incluyo- esperábamos el matrimonio llegara un día un su fin, pero no de la manera en que todo ocurrió. Vamos a ser honestas todas lo amábamos, de traje, en patines, en bicicleta, con shorts, tratando de pasar desapercibido o lanzando una de sus cautivadoras sonrisas a los paparazis, todas queríamos ser la próxima Mrs. Kennedy y hubo algunas que estuvieron cerca de lograrlo. Hasta hay quienes aseguran John y la Princesa Diana tuvieron un affaire, y no la culparía.

Paso de ser el niño más tierno de la Casa Blanca al hombre más sexy del mundo, según la revista People de 1988. Aquí lo que me encanta es que John era ese tipo de jettsetter que no se esforzaba por lucir bien, sencillamente era guapo y sabía que así saliera de casa en pijama o sin rasurar causaría un gran impacto y más mujeres lo desearían. Según cuentan aunque no pareciera le gustaba seguir las tendencias de la moda, apreciaba un buen traje hecho a la medida, especialmente si era de Ralph Lauren. Su corte de pelo pasó de ser la gran melena de finales de los 70 con la que construyó una reputación de rompecorazones y que posteriormente corto para continuar el legado de los Kennedy.

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Si hacemos un análisis profundo, puedo asegurar que no ha existido un hombre por el que las mujeres sientan tanta atracción, pero el encanto de este príncipe no recae solamente en su físico, era todo lo que lo rodeaba, la historia que marco su destino y 20 años después su trágica muerte. Creo que todos, al menos los que somos fanáticos de la saga Kennedy recordamos donde estábamos ese 17 de julio cuando se anunció la desaparición del avión, y cuando horas después lo encontraron muerto, todavía amarrado a su asiento, fue de esas veces que nos empezamos a cuestionar porque hay personajes tan queridos que se van tan pronto y de esa manera. ¿Es cierto que hay una maldición Kennedy? Y si la hay ¿Por qué John? Cuando pudo ser tantas cosas, cuando pudo formar parte de la vida política de Estados Unidos, cuando los americanos esperaban verlo correr como candidato a Presidente –aunque a él eso no le interesaba- pero más allá de que fue un hombre guapo, fue un hombre muy querido, adorado por una nación que no borra de su mente la imagen aquel niño que saludo el féretro de su padre, robándose los corazones del mundo entero  convirtiéndose en un símbolo.

Hoy a 20 años de su partida quiero recordarlo como el rey Arturo le pidió a su fiel Lancelot que no olvidara -“No dejes que lo olviden, que ahí donde hubo un punto que brillo, por un corto instante, ahí estuvo Camelot¨-  así es con John, no dejemos que lo olviden, que ahí existió un hombre que caminaba por las calles de Nueva York, por un corto instante, ese era John F. Kennedy Jr, mi príncipe azul.

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Eugenia Garavani

#reginatelocuentamejor