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Permítanme presentarme; soy Chef frustrado, bebedor incansable de vinos, licores, destilados y anexas y sobretodo amante de la comida. Si tuviera que calificar mis gustos gastronómicos en términos de la 4T, diría que soy mitad fifí y mitad chairo.  Fiel admirador de la gastronomía Mexicana, de sus ingredientes, sus cocineras,  sus técnicas y  su belleza.

Ni  foodie, ni gourmand. Siento que existe un cierto tipo de ironía cuando la gente se autonombra así.   Por lo general, no creo que los foodies tengan un mejor conocimiento en técnicas, productos o sazón, que la gente que se dedica a esa industria y cuenta con una larga trayectoria en este sentido. Prefiero considerarme un “entusiasta” de la comida o como se decía en mi época, “un gordito antojadizo”. Cuento con un gran sentido del apetito y una brújula privilegiada para encontrar buena comida, ya sea en puestos en la calle, mercados o en lugares de reconocida categoría.

La escena gastronómica ha evolucionado de una manera impresionante en los últimos años a nivel mundial y México no ha sido la excepción.  Los Chefs han tomado una relevancia cuasi-divina y en muchos casos a niveles de Rock Star. No es crítica, creo que lo tienen muy merecido y es que hoy en día un buen Chef debe de ser mucho más que un simple cocinero. Para poder acceder a ese exclusivo grupo culinario de élite se requiere tener una parte de artista, de filósofo, de general de infantería  y sobre todo tener acceso a las diferentes plataformas que los pueden catapultar al estrellato; desde Instagram y Facebook, hasta programas como Master Chef, Iron Chef, Top Chef, Sous Chef, y todos aquellos que terminen en Chef (muchos de los cuales son una reverenda porquería por cierto).

Con el vino ha pasado algo muy similar. El vino del nuevo mundo ha tomado un auge impresionante en los últimos años, en parte porque hay un público con más noción e interesado en nuevos sabores y regiones. Por otro lado están las nuevas generaciones de “wine makers” y de ingenieros agrónomos que buscan nuevas técnicas, tanto orgánicas como biodinámicas, así como de darle más importancia a las uvas endémicas de cada región, y no casarse con las mismas uvas de siempre que ya han triunfado y son emblemáticas en el viejo mundo.

Estamos viviendo en un mundo cada vez más conectado entre sí, en el cual todo transcurre de manera más rápida y cómoda,  en el cual tenemos acceso con un simple click a comida y bebida de cualquier tipo. La comida rápida no está de moda, la tendencia debe de ser inversamente proporcional a la velocidad en la que hacemos el resto de nuestras actividades. Deberíamos de fijarnos cada vez más en lo que comemos, de donde viene el producto y sus características, darle el tiempo y respeto que se merece al arte de comer. Esto no quiere decir comer mucho o caro, significa dedicarle un poco más de nuestro tiempo a la comida y porque no a nuestra bebida. Al final del día como dicen por ahí, somos lo que comemos… y bebemos.

@huey_tlacuali

hueytlacuali@hotmail.com

#reginatelocuentamejor