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Por Susy González

Desde que somos niños nos enseñan a romantizar sobre el amor de pareja, nos introyectan el cuento de la media naranja en donde vamos por la vida buscando esa parte que nos falta para estar completos.

Platón narra en “El Banquete” que después de un fastuoso festín, Aristófanes cuenta a los comensales que en un tiempo no muy lejano existían humanos que eran seres redondos, con cuatro brazos, cuatro piernas y dos caras. Además, tenían sus variantes: hombre doble, mujer doble y hombre-mujer. Aquellos seres intentaron enfrentarse a los dioses y escalar al cielo, sin embargo, Zeus se molestó tanto que los castigó cortándolos en dos partes. Desde entonces, cada mitad busca a su otra mitad para fundirse para siempre.

En este buscar, también escuchamos otras historias como la del Hilo Rojo, una leyenda japonesa que habla sobre una bruja con el don de ver el hilo rojo que conecta los corazones de los enamorados que están destinados a unirse. Es así como un Emperador le manda llamar para que lo lleve hasta donde está el amor de su vida. Al llegar a un destino, el monarca se molesta al ver que la mujer que le muestra es una campesina que lleva en brazos a un bebé, éste la empuja y la pequeña cae al piso haciéndose una herida en la cabeza. Por cierto, la bruja es condenada a muerte por, supuestamente, haberse burlado del Emperador. Tiempo después, cuando era momento de elegir esposa, los consejeros del soberano le dicen que debe esposar a la hija de un general. Llegado el momento de conocer a la mujer, se da cuenta que ella tiene una cicatriz en la frente. La historia nos dice que estamos destinados a encontrarnos con esa otra persona con la que estamos unidos por una fuerza poderosa.

 

Estos son sólo ejemplos, pero en la vida cotidiana tenemos un bombardeo social por tener una pareja, por asistir con el novio o la novia a las reuniones familiares, por estar casados a determinada edad, por llevar el ritmo de lo que se supone debería ser, nos dicen que es nuestra función natural estar en pareja, pero no nos enseñan a entablar una relación amorosa con la persona primaria en nuestras vidas, que es uno mismo. Nos enseñan a ver hacia fuera y no adentro.

Nuestro cerebro registra esta información y durante años crecemos con esa sensación de vacío porque nos creemos incompletos, sin embargo, un día crecemos y nos volvemos adultos autónomos que pueden decidir sobre su propia vida, es aquí donde la emoción comienza porque ahora podemos decodificar esas creencias y hacer las propias.

 

GOOD NEWS!

¡El amor de tú vida sí existe! ¿Quieres contactarlo? Hoy 14 de febrero es un buen día para hacerlo, la vibra de amor está en el aire así que podemos usarlo como motor.

Tengas o no plan para salir hoy, te recomiendo que primero inicies con este pequeño ritual del agua que me compartió Ale Hinojosa: toma un baño caliente, deja que el chorro de agua caiga sobre tu pecho, justo en el centro. Intensiona este momento, imagina como el agua limpia todo lo que no te pertenece y que limpia las emociones negativas. Aquí estamos abriendo corazón y preparando el cuerpo para el siguiente paso.

 

Cuando hayas terminado de ducharte, tómate tu tiempo para arreglarte o ponerte la pijama, lo que sea que quieras hacer. Puedes prender una velas aromáticas, inciensos y poner música que te relaje. Cuando ya este todo listo ponte de pie frente al espejo, desnúdate y obsérvate. Observa cada parte de tu cuerpo: tu pelo, tu cabeza, tu cara, tu pecho, tus piernas, tu abdomen, tu sexo, mírate completa o completo. Este cuerpo es tuyo, tú lo formaste. Si hay partes que te gustan tócalas y felicítate por el buen trabajo que has hecho, si no te gustan tócalas y dile a esas partes de tu cuerpo: gracias por el trabajo que han hecho para protegerme, por avisarme de las emociones y dolores del pasado, perdón por no mirarlas en ese momento, me amo y me acepto tal cómo soy.

 

Aunque no sientas de verdad ese amor, tus células están recibiendo la vibración de tu voz y por pura resonancia comenzarán a hacer magia en ti. Intenta hacer este ejercicio en días posteriores, notarás un cambio.

Ahora, mírate fijamente a los ojos y date cuenta que la persona que estás mirando es única en el Universo, no hay nadie exactamente igual a ti. A través de tu mirada puedes notar la bondad y amor que habita en ti. Comprométete en este momento contigo a mirarte todos los días, a salir contigo cuando te sientes sola (o), a apapacharte sin reclamar a otros su atención, darte tiempo a ti antes que a los demás, a amarte y respetarte todos los días de tu vida.

Entre más amor haya de ti hacia ti, todo a tu alrededor comenzará a cambiar y entonces… algo sucederá con otra alma que se ame en la misma proporción e intensidad con la que tú te amas, ahí es donde las almas se juntan para aprender… pero ese es tema para otro post.

 

Hoy es un buen día para reconocerte como el amor de tu vida.

 

¡Gracias por leer!

 

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