Monday Muse: Coco Chanel

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Querida Gabrielle:

Me dirijo a ti con tu nombre de pila, aquel que una monja te puso porque significaba “fuerza y poder”, esa religiosa no estaba tan equivocada, necesitarías mucha fuerza para forjar tu vida, una vida llena de dolor, abandono y perdidas; fue tanto que te escondiste en el negro, convirtiéndolo en símbolo de elegancia, aunque para ti era un luto permanente.

Debió ser duro encontrar a tu madre muerta y luego ser enviada un orfanato por tu padre, para nunca más volver a verlo, no puedo imaginar la tristeza de una niña de 13 años al ver a su familia desmoronada y olvidada. Sola en el mundo, con tu hermana Antoinette como fiel compañera, saliste del orfanato para encontrarte a ti misma, tu destino no estaba escrito, estaba siendo hilvanado entre telas y botones, la pasión por la alta costura y tu habilidad para cocer fue un regalo, un don que se te concedió.

Tu creatividad evolucionaba a medida que tu mente viajaba y se perdía entre lentejuelas y plumas de los ajuares que cocías para cuanta bailarina de cabaret tocara a tu puerta, alguna vez lo intentaste, cantaste en un cabaret y lo único que sacaste de ahí fue tu apodo: “Coco”, cuatro letras con las que conquistaste al mundo y uno que otro corazón.

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Emprendedora te atreviste en 1910 a abrir “Chanel Modes” donde los sombreros eran tu sello de distinción, te volviste popular rápidamente, tus diseños eran llamativos y con un toque muy personal, para 1913 te habías marchado a Deauville, ahí descubriste que el jersey era más apropiado para las damas que querían lucir elegantes y frescas durante el verano, revolucionaste la moda, cada paso que dabas lo dabas en base a las necesidades de las féminas que encontraban en tu línea todo lo que habían soñado.

La guerra no te detuvo y cuando finalizo, abriste tu boutique en Paris, en el número 31 de la Rue Cambon, donde hasta el día de hoy yacen los aromas y los recuerdos de una gran carrera, ahí te convertiste en leyenda, ahí te refugiaste de la soledad y la tristeza, en tu taller donde hiciste trascender cada pensamiento en obra de arte.

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“No es la apariencia, es la esencia. No es el dinero, es la educación. No es la ropa, es la clase”, dijiste una vez, eras la perfecta desconocida cuando irrumpiste en la escena social del brazo de tu primer amante Etienne Balsan, él te introdujo al lujo y supiste que esa era la vida a la que estabas destinada, pero también fue Balsan quien te puso frente a frente con el verdadero amor.

Antes de que el mundo de la moda te hiciera icono, Boy Capel te hizo mujer, no fue tu primer amante, pero fue el amor de tu vida, un hombre que te marco de tal manera, que después de su muerte no tuviste animo de vestir de otro color que no fuera el negro, alabado sea el “Little Black Dress” tendencia que aún permanece y que tu instituiste como símbolo de la perdida, sin saber que todas las mujeres ganábamos con su creación.

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Para la década de los 30s todas las estrellas en Hollywood querían vestir Chanel, desde entonces vestir Chanel representa tener buen gusto, ojala toda la que viste con tu marca supiera lo que pasaste para construir ese imperio, ser la primera mujer en tener la visión de vestir sin seguir las tendencias para crear las propias, así debería ser todo en la vida, no seguir las reglas, solo seguir el instinto, que te llevo tan lejos.

Fuiste una mujer que se reinvento de mil maneras, cuando saliste del orfanato encontraste un nuevo nombre, cuando perdiste a Boy encontraste un nuevo estilo, cuando cerraste tu casa de modas volviste con una nueva tendencia y cuando moriste encontraste la manera de continuar viviendo. Un perfume, una camelia, un collar de perlas, un vestidito negro, siempre serás inspiración, feminista por llevar pantalones, femenina porque supiste como llevarlos, serás el icono más importante de la moda por los siglos de los siglos, cuatro letras definen a la industria, todas te queremos en nuestro closet, pero más que querer un objeto con tu firma, deberíamos buscar tu fuerza y tu convicción para no dejarnos amedrentar ni por el tiempo ni por el sufrimiento, florecer y encontrar la belleza siendo nosotras mismas, querida Mademoiselle, merci beaucoup.

Atentamente

Eugenia Garavani

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