bloodymary

Sin revolución rusa no habría habido Blodimeris, ya que fueron los príncipes, duques y condesas rusos, escapados a Paris y luego convertidos en taxistas, costureras y restauranteros de mucho caché, los que, con trabajos atroces, escondieron, junto a sus joyas inverosímiles, ese muy potente destilado de papa que todos amamos ahora porque puedes chuparte siete sin que te lo huelan y que se llama vodka.

Los parisinos no sabían qué hacer con este; acostumbrados a la Poire y al coñac, les pareció lo más insípido hasta que Ferdinand Petiot del Harry’s New York bar en la Rue Petillant lo mezcló con el recién inventado jugo de tomate enlatado y voilá, urbe et orbi, habemus Bloody Mary.

 

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En ese entonces se llamaba Bucket of Blood, pero dado su origen sangriento de revolución, creo que alguien decidió que Bloody Mary iba mejor, como quiera una María si se desangra no llena una cubeta, ¿o sí?

Y en opinión del que ampliamente se cree es su creador, PETIAT, el espeso jugo rojo era lo único capaz de dar relumbre a ese insípido contrabando ruso, y más disfrazado con aderezos y especias.

Un Bloody fue para mí el principio de una gran amistad, y la complicidad con otra.

Sobra decir que enormes historias se han generado alrededor del alcohol, como las de las cartas machote que mandaban hace ya 4000 años los chinos a sus anfitrionas disculpándose un día anterior de los destrozos que iban a cometer en estado de absoluto estupor.

O que tal las quejas expresadas por Othello, antes de matar a la tarada de Desdémona por celoso y mala copa.

Algo hemos avanzado, creo, o no, pero nunca lo suficiente para no necesitar de un Bloody, o dos o tres.

Por algo los pubs más posh de Londres, en Mayfair, Marylebone, Kengsinton, Chelsea y anexas, tienen su propio y secreta mezcla de Bloody Mary, y lo dispensan en jarras elegantes sobre barras aún más elegantes, a sus asiduos parroquianos, todos los domingos, sin costo.

Lo anterior, para mí, es señal inequívoca de la grandeza y esplendor de la civilización británica.

Los Bloody Maries son considerados los reyes de las mesas de brunch, batienemigos de las crudas, y amos de las mañanas complicadas. Hay quienes lo describen como el coctel más especial del mundo tan solo por el número de ingredientes que se le agregan. Si añadimos las diferentes variantes de alcohol que lo pueden formar; Bloody Maria con tequila, Bloody Bishop con jerez, Bloody Fairy con Absinthe (now that’s an idea que ni a los poetas malditos se le había ocurrido) entonces las opciones no caben ni en la coctelera más grande.

Por: Verónica García